Gerardo Chávez (Trujillo, Perú, 1937–2025) fue uno de los grandes maestros de la pintura peruana y latinoamericana, cuya práctica exploró la imagen como un territorio de lo onírico, lo mítico y lo ancestral. Su obra se desarrolló en un espacio donde la figura humana, la memoria y la imaginación se entrelazan, desdibujando los límites entre lo real y lo fantástico. Más que representar el mundo visible, sus pinturas construyen universos poblados de seres misteriosos que invitan al espectador a adentrarse en una dimensión mágica y profundamente personal. Su vocación nació en la infancia, en Paiján, impulsada por la influencia de su hermano mayor, el pintor Ángel Chávez. Ya en Lima, ingresó a la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes y formó parte de la célebre “Promoción de Oro” de 1959, junto a artistas como Tilsa Tsuchiya, Milner Cajahuaringa, Enrique Galdos Rivas, Alberto Quintanilla, Oswaldo Sagástegui y Alfredo Gonzales Basurco. Ese mismo año realizó su primera exposición individual y representó al Perú en la I Bienal de París. La etapa decisiva de su trayectoria comenzó en 1960, con su llegada a Europa. En Florencia, el encuentro con el arte renacentista lo llevó a crear sus primeras imágenes oníricas, mientras que en Roma las manchas de los viejos muros le inspiraron figuras fantasmagóricas que definirían su lenguaje. Allí surgió su amistad con Roberto Matta, quien lo animó a instalarse en París, donde también conoció a Wifredo Lam. Ambos contribuyeron a su madurez artística. Desde París, su obra comenzó a obtener reconocimiento internacional, con participaciones en importantes exposiciones y bienales, entre ellas la Bienal de Venecia de 1966. Su morfología mágica y enigmática lo acercó al surrealismo, aunque siempre desde una voz singular. A lo largo de las décadas siguientes, presentó exposiciones en Europa, América Latina y Estados Unidos, incluyendo muestras en instituciones como el Museo de Arte Latinoamericano de Long Beach, el Museo de Artes Visuales de Santiago y el Museo Pedro de Osma de Lima. En 2017, el Museo de la Nación de Lima presentó Chávez 80, una gran retrospectiva que reunió más de 200 obras y recorrió las distintas etapas de su trayectoria. En los años setenta, un apasionado interés por el arte primitivo lo llevó a recorrer las cuevas de Altamira en España, los frescos rupestres de Tassili n'Ajjer en Argelia y la Isla de Pascua. Estas experiencias profundizaron su diálogo con lo arcaico y lo ritual. En las décadas siguientes, desarrolló nuevas series y técnicas, entre ellas sus trabajos sobre yute y tierras de distintas regiones del Perú, y creó obras monumentales como La Procesión de la Papa (1995), de doce metros de longitud. Además de su trayectoria artística, Chávez tuvo un papel fundamental en la promoción de la cultura en Trujillo. Fue fundador del Museo de Arte Moderno de Trujillo y del Museo del Juguete, y participó en la creación de la Bienal de Arte de Trujillo. Su legado reúne así una extensa producción artística y una importante labor de difusión y construcción institucional alrededor del arte peruano.